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martes, 26 de febrero de 2013

Pintando mi Yaguareté

Yaguareté. Boceto. 2013.

Hoy quiero compartir el boceto de lo que estoy pintando por estos días, hay una magia que se forja entorno a él y muestra una similitud más entre la práctica maravillosa de pintar y el día a día de nuestras vidas.

El boceto son los cimientos de la pintura, debe ser suficientemente sólido para sostener todas las demás capas que se van a formar en torno a él, todos los demás colores que se van a desprender de él y todas las formas que se van a consolidar gracias a él.

El boceto en el lienzo es una transición entre un blanco abrumador y una pintura fabulosa. Al pintar el boceto, debemos ser fuertes y no tener miedo a romper el blanco que inunda el lienzo. Este es el momento más determinante y en el que nos debemos tener más confianza porque rompemos la paz del lienzo, pero también rompemos el silencio, el vacío y marcamos una pauta, dejamos una huella imborrable por la que seremos responsables el resto de la historia de la pintura.

Con respecto a la escencia de un cuadro, el color del boceto de alguna forma define su personalidad. A mi me gusta y procuro siempre hacer los bocetos en amarillo, porque es un color feliz, cálido y amigable, así todos los demás colores estarán cargados de una calidez que ya nada podrá quitar. Pero esto es porque siempre procuro estar en ambientes felices, si me encuentro un poco deprimida, de pronto el boceto vendría bien en un azul frío y gris.

Lo que más disfruto al hacer los bocetos es que es como ver un cuadro desnudo, antes de ponerse la ropa y me encanta acariciar esta parte del cuadro, contemplarla, darle su tiempo para que impregne el lienzo y se asiente como la base única de un montón de características, adornos e historias que vendrán después.

Siempre que pinto el boceto tengo que darle un tiempo al cuadro, nunca es bueno empezar a pintar las 2das, 3ras, 4tas... n capas inmediatamente, porque entonces opacarán la belleza de la primera capa, en lugar de cumplir su función principal la cual es potenciarla y sacarla a relucir.

Pero esto que comparto aquí no aplica sólo para la pintura, y tal vez esto es lo más bonito de todo, porque nosotros somos los autores de nuestra propia pintura y podemos decidir cómo queremos que sea el boceto de la vida que está delante de nosotros. Y también al ser los autores de nuestro boceto debemos darnos el espacio de reconocernos a nosotros mismos y aceptar la belleza que reside en nosotros, así, todas las demás capas de nuestra vida serán herramientas de crecimiento espiritual y serán caminos para potenciar nuestra belleza interior. Como ya lo he dicho, en mi caso estoy forjando un boceto amarillo, feliz, y con un espíritu fuerte como el de mi Yaguareté.

Una nota adicional: Cada vez que miro un cuadro me gusta imaginarme cómo fue el boceto en el que se forjó, es como mirar a una persona e imaginársela sin la ropa que lleva puesta.

Gracias por leerme.

Diana



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