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lunes, 13 de septiembre de 2010

Cómo cambiar un mal recuerdo


Yo dibujo la locura que se sale por el pelo, la curiosidad que se desprende de los huesos y cambia de dueño... mi recuerdo era un monstruo, después de unos años yo decidí transformarlo en cualquier otra cosa inmunda y horrorosa, después de más tiempo ya no solo fue un dibujo de muchas cosas juntas, sino un acto que pasó a ser parte de mi realidad, de mi memoria: una cena hermosa en el mismo 9 de septiembre.
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¿De quién es mi realidad?         -Por supuesto, es mía.

¿De quién es tu realidad?          -Por supuesto, es tuya.

Aunque debo reconocer que me enloquece un poco pensar en que no es así, en cualquier caso me gusta creer que yo decido con qué me quedo y con qué no. Si mis recuerdos son míos, yo puedo cambiarlos a mi gusto, elegirlos a mi gusto, conservarlos a mi gusto.

El pensamiento y la memoria son flexibles, no son estáticos ni certeros, simplemente son un revuelto de imágenes, ideas, sensaciones... realidades.

Y siempre, sin excepción, yo decido
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